sábado, 2 de agosto de 2008

HOSTIAS


Los dos están sentados cara a cara. Se observan. Tienen una edad indefinida. Ambos son alcohólicos, seña inequívoca de sensibilidad. X es delgado, su mentón afilado es una saeta que casi se clava en su pecho. Tiene una perilla desafiante. Una sonrisa idiota se dibuja en su boca rectilínea. Y es rechoncho, ahuevado. Está desnudo y su barriga cae blanda hacia el suelo, su polla fláccida se entierra entre pliegues carnosos. Hay una botella en la mesa. Beben por turnos. Primero X, luego Y. La habitación está acolchada. Una luz helada ilumina la estancia: Un cubo perfecto. Solo hay una mesa y un par de sillas donde se sientan.
Es X quien toma la iniciativa. Se levanta. Sonríe mientras se aproxima a Y. Cierra el puño y golpea. Explota la nariz del gordo. La sangre se desliza espesa por sus labios, una gota se balancea en su invisible barbilla. Cae sobre su pecho. X se sienta, acaricia con la palma abierta un puño dolorido. Y entonces saca a pasear sus mantecas después de dar un trago largo. Sus muslos son columnas enormes, su papada se agita nerviosa bajo la barbilla, su piel tiembla obscena. Entonces sacude a X. Es una hostia limpia que resuena potente en la habitación. Estallan dos labios. Algunas gotas de sangre caen sobre la mesa, salpican la botella. Luego continua la historia. Se lo toman con calma. Cada cual sabe cual es su turno. Pronto no hay cuartel. Se golpean con saña. En cuestión de minutos ambos están totalmente ensangrentados. Sus caras han desaparecido bajo una masa viscosa y carmesí. El encuentro dura un par de horas. Para entonces no son más que dos masas informes. La sangre empapa sus pies, hace pequeños charcos sobre el suelo grisáceo. Ya no se levantan. Solo sus puños se agitan en el aire. Una respiración entrecortada, un bufido. Luego silencio.
Entran dos tipos. Arrastran a X e Y. Mecánicamente limpian la habitación que queda de nuevo fría y aséptica. Una luz hueca ilumina la estancia vacía. Transcurren un par de minutos. Entran W y Z. W lleva una botella en sus manos. Se sienta, la deposita en la mesa. Z acaba de arrellanarse en su silla. Los dos se observan. Frotan palmas contra puños.
Beben, beben, beben…

1 comentario:

Henry Moody dijo...

Muy bueno...que mas dan los nombres? Todo el mundo es bueno para beber y ser golpeado..