sábado, 2 de agosto de 2008

ARTISTAS



Danzar, por cojones, en este baile de zombis es una putada. Solo consuela el arte. Lo dijo Camus: Si el mundo fuera claro, el arte no existiría. No sabía que compartíamos esa idea hasta que vi la frase en una de esas páginas de Internet. Es una aplastante verdad. El artista nace de la oscuridad, su obra es una caja de Prozac, reinterpretar la realidad es el ansiolítico. La palabra, el trazo, la roca muerta que cobra vida, el instante que recoge una instantánea suponen un drible a la muerte, a la inquietante idea de la nada. La mayoría huye, compra, se rasca, habla sin sentido, se enamora, deduce sobre mentiras ciertas por repetidas. El artista se deshace buscando respuestas, remueve el absurdo utilizando su concreto sentido de la estética (tras ella solo hay basura), busca el recurso que disimule o entierre el vacío. No es menos pobre hombre que el resto de la humanidad, pero utiliza su jodida sensibilidad para redimirse o condenarse voluntariamente a la locura.
Es esta una forma interesante de escapar de lo real. Sé que los locos eligen su locura. Una gran broma del buen dios. La gente los compadece, los trata o los encierra y, desde luego, les teme. Esa misma gente que vive idiotizada, robotizada, esquematizada. El loco huye de toda esa mierda bendecida. Decide usar su mente para escapar. Su locura es el rechazo y la respuesta al sistema de vida construido por el hombre.
La civilización se levanta sobre grandes mentiras. Todo Occidente se sostiene sobre un infantil y patético cuento. Al idiota solo le seduce el poder. Y la mayoría de los hombres son idiotas. Todos creen en estupideces como la democracia. Algo imbécil que se apoya en la falacia de que todos los seres humanos tienen el derecho y están capacitados para elegir a sus gobernantes. Claro está que no creo en las dictaduras, ni en el ejercicio de la violencia de cualquier tipo para conseguir la paz social, el puto orden. Yo solo creo en la educación y la cultura para evitar que el número de enfermos de vida crezca (La vida es la gran asesina. Una puta psicópata). Algo que los gobiernos parecen no entender ni considerar. Ayer hablaba con mi chica. Estaba algo borracho. Anoche decía que la humanidad debería extinguirse. Hablábamos de una de esas tías idiotas que dicen necesitar traer un niño al mundo para realizarse como mujer. ¡Dios! Nos exigen un carné para conducir, para manipular alimentos, para identificarnos ante la pasma, para pescar sardinas; certificados para demostrar que existimos o que hemos dejado de respirar, cientos de requisitos, firmas, sellos e idioteces por el estilo. Pero traer niños a este salvaje mundo regido por anormales es absolutamente libre y lícito. No necesitas demostrar que estás capacitado para educar, que eres un tipo/a con la cabeza, al menos, relativamente, bien amueblada. Una vida cae en manos de la casualidad. Respirará, crecerá, follará y desaparecerá, y todo ese proceso estará influenciado por lo que haya mamado y aprendido en su familia, en su concreto entorno social. Será católico, mahometano o judío o budista o ateo. Podrá estudiar o no, podrá ser un buen hombre o un redomado hijo de puta pero, en cualquier caso sufrirá encerrado en ese inevitable proceso de oxidación al que está sometido todo lo que existe. ¡Mierda! No tengo respuestas. Y si alguna vez tuve una sobre algo interesante la olvidé. Solo sé que los artistas existen porque los hombres han convertido el planeta en un gran saco de mierda.
Es estúpido un mundo en el que crear exige desesperación.

No hay comentarios: