lunes, 30 de junio de 2008

NUNCA PASA NADA


Hoy he recibido un mail de un amigo. Un amigo blanco del tiempo gris. De la época en que paría canciones de mimbre para salones de colores pálidos. Mi amigo es italiano, pero pronuncia la r francesa. Un legado de otra vida: Nos deslizamos por el tiempo dejando una estela tibia, esperando conocer el porqué del miedo. Le he contestado a mi vieja forma. Ahora soy ácido, corroo taimadamente la pequeña parte del mundo que toco con mi presencia leve e irrelevante, pero no siempre fui así. Entonces, en el tiempo gris, yo era un imbécil que buscaba la ternura entre cabrones. Mi vocabulario era mermelada, como mi chica, como todo lo que solía rodearme, al menos hasta que alguien untó toda esa mierda dulce en una enorme rebanada de mala leche y todo se deshizo.
Mi amigo, tras el parapeto con el que intentaba ocultar su verdadera y asombrosa personalidad, intentaba poner orden en todo aquello nefasto que veía en mí. Mi amigo es hijo de la tierra y sabía de mi final, de mis pocas habilidades para sobrevivir en el planeta. Yo ponía toda la atención posible, pero era realmente un inútil. No tenía, ni tengo armas para enfrentarme al enemigo: Me muestro como soy, doy enormes e insanas pistas, uso una lengua muerta que nadie habla, deambulo por el mundo como un niño en un prostíbulo, no sé de papeles, firmo contratos suicidas, pongo la otra mejilla no por santidad, sino por torpeza o cobardía. Soy el hueso de la aceituna que se tragó el mundo. Reposo quieto en un universo letrina.
Siempre he creído que la forma en que muere un hombre muestra realmente lo que ha aprendido en la vida: Por lo general nada. Al final solo hay recuerdos empapados de enfermedad y dolor. Al final todo es oscuro, triste, nos inunda el vacío, el terror hacia la factible nada. Usamos la inteligencia para combatir el miedo, también las emociones, los sentimientos, las palabras, el arte. Todo ese arsenal fantástico solo nos sirve de ansiolítico para combatir el terror a desaparecer.
Cuando nos atacan la neurosis, la ansiedad, la depresión es cuando finalmente hemos comprobado que las cosas siempre pierden la batalla contra el tiempo. No importa quienes seamos, cuanto hayamos luchado para obtener lo mucho o poco que tengamos. Todo se esfuma en esa sensación de vacío que ocupa y aturde la cabeza, que agita el corazón, que levanta el estómago. Es el hombre frente al absurdo. El origen de la religión, la génesis de los mantras y oraciones. Lo que fundamenta el bien y el mal.
El mundo nos ha tratado de diferente forma a mi amigo y a mí. Vivimos en los extremos, pero hay algo que nos une: Sé que entiende (o al menos so-porta) mi locura y sé que sabe que entiendo su pragmatismo. Si se nos desnudase de todo lo material que tenemos sabríamos que, en el fondo, solo somos dos tipos perdidos que buscan un lugar donde agarrarse para no sucumbir a la melancolía que empapa a los que saben que el tiempo siempre gana, que no existe más saldo en nuestras vidas que el de los afectos, que no hay más recursos, frente a la locura, que mantener la dignidad a toda costa para reírnos del miedo.
Sé que lo sabemos: Nunca pasa nada.

1 comentario:

El Autor dijo...

felicitaciones por tu blog Santiago y un afectuoso saludo desde Argentina