miércoles, 25 de junio de 2008

GRIS Y NEGRO


El señor Gris es un magnífico manager. No se tira pedos en las comidas, apenas si escupe, lleva con dignidad su traje y su coleta.
El señor Negro es corto, pálido por dentro. Conduce un coche que le queda grande.
Les vi en Chamberí merendando adolescentes.
Los tipos se relamían.
Conozco a un chaval que hace canciones. Es prácticamente imbécil, pero hace bien lo suyo.
El mundo para él es un juguete, no un pedazo de cósmica mierda. Lo hace, lo deshace, le canta como a sus plantas de maría.
Luego llegó la conjunción, el dislate, el éxtasis.
Gris, Negro y el chaval imbécil se dieron la mano en el mesón Donostiarra. Había jugadores de fútbol cerca, un torero se rascaba la entrepierna.
Y el chico, que se creyó Dylan, esnifó por un rato el Madrid más denso mientras calentaba trozos de buey en un plato de barro.
Luego el tiempo hizo el resto.
Gris y Negro untan panecillos con foie.
El chico recita mantras.
A veces piensa en como hacer para que parezca un accidente.

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