martes, 23 de diciembre de 2008


EL TIEMPO ES COMO UNO DE ESOS ABOMINABLES APARATOS DE FERIA: CREES QUE PAGAS PARA DIVERTIRTE Y ACABAS VOMITANDO EN LA FALDA DE TU MADRE.

domingo, 3 de agosto de 2008

DEL PLACER, A PESAR DE TODO...





Esa tarde gaviotas invisibles mataban palomas en la plaza. Llevábamos tanta cerveza en el cuerpo que nuestras siluetas aparecían enmarcadas en un aura amarillenta. El tipo de la barra es un dandy anacrónico: Pelo canoso, tupé perfecto, camisa a rayas de cuello blanco, corbata azul, puños inmaculados, modales exquisitos. El bar es de barrio: Losetas blancas, almanaques-tetas, taburetes cojos, barra abollada, clientela abollada. Un boxeador sonado reta a hostias a un tipo canijo que bebe dyc en vaso de caña. Dos polacas lesbianas se acarician en una mesa al fondo. Un chino juega a meter euros en una máquina. Maldice en mandarín, cambia pasta continuamente. El dandy-barman le sonríe. Es un buen cliente, nos dice. Corrige el nudo de su corbata. Un grandullón negro entra en el bar, enseña unos enormes dientes blancos. Vende películas y compramos algunas. Pedimos más cerveza. En la barra un Manhatan de botellines vacíos. La conversación es absurda. Tratamos de enumerar las razones por las que, a pesar de todo, creemos seguir vivos.
- Mi hígado es de titanio
- A mí me protege dios, en serio, me protege dios
Se hace de noche y llega más fauna. Una chica morena, treintaytantos, lleva sobre su espalda una bombona de oxígeno. Fuma ducados y bebe coñac. Acaba de ver Casablanca y nos la cuenta y llora mientras un sordo pitido sale de su pecho. Andrés, el que bebe ginebra a palo seco, se va a morir. Es un ángel cobrizo de risa potente. Mi amigo le ha regalado un televisor y un par de películas de vídeo. Las ve continuamente. Se sabe los textos. Nos representa una escena de El Halcón Maltés. Pone cara Bogart. Como este morirá de cáncer. No parece importarle demasiado. Apura la copa de un trago. Entonces pedimos más cerveza. Mi amigo la alterna con tragos de anís seco. La noche está rumbera. Suenan los chichos desde un viejo radiocasete. Nos marcamos unos pasos de baile. La borrachera se estanca. Por más que bebemos nuestro estado-nirvana permanece. Dios bendice a los santos que se refugian en los bares, es infinita su compasión. Aparece una guitarra y es un senegalés con raftas quien nos ofrece su repertorio. Cantamos confusamente algo confuso. Yo interpreto algunas de mis canciones. Algo toca mi culo. Me vuelvo y me sonríe un tipo blando teñido de rubio. Aparto su mano, le invito a una cerveza. Susurra en mi oído algo que no entiendo. Cuando salimos a la calle nos sacude una hostia de calor. Desde ese concreto punto uno puede imaginarse el mar. Si miras desde arriba y pierdes la mirada en el horizonte crees que existe un mar allá abajo. No es cierto, solo hay asfalto y tipos locos y putas y sonrisas o lamentos y borrachos vomitando en las esquinas y santas madres llorando por hijos yonkis y gente asustada, acojonada por la vida, lamiendo culos, soportando el tedio infinito, la fragilidad de su organismo, mirándose, analizándose, revolcándose en el miedo como cerdos en el fango.
Ronda tras ronda la vida se difumina. Sacerdotes de uñas sucias y mandiles mugrientos ofician sus rituales. Poco a poco, lentamente, caemos. Nuestros culos resbalan en los bancos de la plaza. Alguien maldice en una lengua blanda y de goma. La luna se entretiene: saca destellos grises de la hoja de un cuchillo. Madrid es una bola oscura girando en el estómago de un gigante. Meamos. Dormimos. Nada es suficientemente ácido.

sábado, 2 de agosto de 2008

HOSTIAS


Los dos están sentados cara a cara. Se observan. Tienen una edad indefinida. Ambos son alcohólicos, seña inequívoca de sensibilidad. X es delgado, su mentón afilado es una saeta que casi se clava en su pecho. Tiene una perilla desafiante. Una sonrisa idiota se dibuja en su boca rectilínea. Y es rechoncho, ahuevado. Está desnudo y su barriga cae blanda hacia el suelo, su polla fláccida se entierra entre pliegues carnosos. Hay una botella en la mesa. Beben por turnos. Primero X, luego Y. La habitación está acolchada. Una luz helada ilumina la estancia: Un cubo perfecto. Solo hay una mesa y un par de sillas donde se sientan.
Es X quien toma la iniciativa. Se levanta. Sonríe mientras se aproxima a Y. Cierra el puño y golpea. Explota la nariz del gordo. La sangre se desliza espesa por sus labios, una gota se balancea en su invisible barbilla. Cae sobre su pecho. X se sienta, acaricia con la palma abierta un puño dolorido. Y entonces saca a pasear sus mantecas después de dar un trago largo. Sus muslos son columnas enormes, su papada se agita nerviosa bajo la barbilla, su piel tiembla obscena. Entonces sacude a X. Es una hostia limpia que resuena potente en la habitación. Estallan dos labios. Algunas gotas de sangre caen sobre la mesa, salpican la botella. Luego continua la historia. Se lo toman con calma. Cada cual sabe cual es su turno. Pronto no hay cuartel. Se golpean con saña. En cuestión de minutos ambos están totalmente ensangrentados. Sus caras han desaparecido bajo una masa viscosa y carmesí. El encuentro dura un par de horas. Para entonces no son más que dos masas informes. La sangre empapa sus pies, hace pequeños charcos sobre el suelo grisáceo. Ya no se levantan. Solo sus puños se agitan en el aire. Una respiración entrecortada, un bufido. Luego silencio.
Entran dos tipos. Arrastran a X e Y. Mecánicamente limpian la habitación que queda de nuevo fría y aséptica. Una luz hueca ilumina la estancia vacía. Transcurren un par de minutos. Entran W y Z. W lleva una botella en sus manos. Se sienta, la deposita en la mesa. Z acaba de arrellanarse en su silla. Los dos se observan. Frotan palmas contra puños.
Beben, beben, beben…

ARTISTAS



Danzar, por cojones, en este baile de zombis es una putada. Solo consuela el arte. Lo dijo Camus: Si el mundo fuera claro, el arte no existiría. No sabía que compartíamos esa idea hasta que vi la frase en una de esas páginas de Internet. Es una aplastante verdad. El artista nace de la oscuridad, su obra es una caja de Prozac, reinterpretar la realidad es el ansiolítico. La palabra, el trazo, la roca muerta que cobra vida, el instante que recoge una instantánea suponen un drible a la muerte, a la inquietante idea de la nada. La mayoría huye, compra, se rasca, habla sin sentido, se enamora, deduce sobre mentiras ciertas por repetidas. El artista se deshace buscando respuestas, remueve el absurdo utilizando su concreto sentido de la estética (tras ella solo hay basura), busca el recurso que disimule o entierre el vacío. No es menos pobre hombre que el resto de la humanidad, pero utiliza su jodida sensibilidad para redimirse o condenarse voluntariamente a la locura.
Es esta una forma interesante de escapar de lo real. Sé que los locos eligen su locura. Una gran broma del buen dios. La gente los compadece, los trata o los encierra y, desde luego, les teme. Esa misma gente que vive idiotizada, robotizada, esquematizada. El loco huye de toda esa mierda bendecida. Decide usar su mente para escapar. Su locura es el rechazo y la respuesta al sistema de vida construido por el hombre.
La civilización se levanta sobre grandes mentiras. Todo Occidente se sostiene sobre un infantil y patético cuento. Al idiota solo le seduce el poder. Y la mayoría de los hombres son idiotas. Todos creen en estupideces como la democracia. Algo imbécil que se apoya en la falacia de que todos los seres humanos tienen el derecho y están capacitados para elegir a sus gobernantes. Claro está que no creo en las dictaduras, ni en el ejercicio de la violencia de cualquier tipo para conseguir la paz social, el puto orden. Yo solo creo en la educación y la cultura para evitar que el número de enfermos de vida crezca (La vida es la gran asesina. Una puta psicópata). Algo que los gobiernos parecen no entender ni considerar. Ayer hablaba con mi chica. Estaba algo borracho. Anoche decía que la humanidad debería extinguirse. Hablábamos de una de esas tías idiotas que dicen necesitar traer un niño al mundo para realizarse como mujer. ¡Dios! Nos exigen un carné para conducir, para manipular alimentos, para identificarnos ante la pasma, para pescar sardinas; certificados para demostrar que existimos o que hemos dejado de respirar, cientos de requisitos, firmas, sellos e idioteces por el estilo. Pero traer niños a este salvaje mundo regido por anormales es absolutamente libre y lícito. No necesitas demostrar que estás capacitado para educar, que eres un tipo/a con la cabeza, al menos, relativamente, bien amueblada. Una vida cae en manos de la casualidad. Respirará, crecerá, follará y desaparecerá, y todo ese proceso estará influenciado por lo que haya mamado y aprendido en su familia, en su concreto entorno social. Será católico, mahometano o judío o budista o ateo. Podrá estudiar o no, podrá ser un buen hombre o un redomado hijo de puta pero, en cualquier caso sufrirá encerrado en ese inevitable proceso de oxidación al que está sometido todo lo que existe. ¡Mierda! No tengo respuestas. Y si alguna vez tuve una sobre algo interesante la olvidé. Solo sé que los artistas existen porque los hombres han convertido el planeta en un gran saco de mierda.
Es estúpido un mundo en el que crear exige desesperación.

hank




Hank reposa
Lee el periódico
LA, New York
ESTÁ SENTADO EN UN WATER BLANCO
NO CAGA, NO HACE NADA
SOLO ESTÁ AHÍ
MEDITA
RESPIRA
SENTADO EN ESE WATER BLANCO
MIENTRAS LEE EL PERIÓDICO.

LUEGO HAY UNA FOTO
Y ELLA ES UNA PUTA
O TIENE PINTA DE PUTA
Y TIENE UNAS PIERNAS CANIJAS
Y UNAS MEDIAS AZULES
Y SUS OJOS
CAEN
CAEN
CAEN
RESBALAN
Y SIENTO, SÉ, QUE APENAS SI PUEDE SOSTENERSE.
LUEGO ARCHIVO UN RELATO
Y, MÁS TARDE, LEO A AUSTER
Y SUENA MI MOVIL
Y UNA CHICA
(LA QUE INTENTÉ BESAR Y SE ASUSTÓ Y HUYÓ SOBRE SU NOVIO)
PREGUNTA ¿Cómo ESTÁS?

LA NOCHE SE MUEVE ROJA
TODO SE MUEVE ROJO.
ACARICO CON MI LENGUA MIS ENCÍAS ENROJECIDAS
CONTESTO:
“TODO ES UNA MIERDA”
Y LUEGO TODO ES SILENCIO.

QUIERE UN POLVO ESA CHICA
TODOS QUEREMOS UN POLVO
O UN CONSUELO
PERO SÉ, INTUYO,
QUE ES PORQUE EL CIELO ES ROJO EN ESTA NOCHE
ALGUIEN ANDARÁ SUICIDÁNDOSE
ALGUIEN SE DESPEDIRÁ DEL MUNDO
Y NO SERÉ YO QUIEN SE LO IMPIDA
QUIEN QUIERA REDIMIRLO
QUIEN LE OFREZCA NADA
PUEDE QUE, QUIZÁS, UNA CERVEZA
O UN PORRO DE MARÍA
O UN DEFINITIVO EMPUJÓN
HACIA EL VACIO

ALGUIEN ESTÁ HUECO Y SUCIO
COMO EL ALMA DE UN POLÍTICO
COMO EL CORAZÓN DE UN LAMA TORPE
COMO EL MIO.

¿SABES A QUÉ SABE UNA TETA?
Y ERA LA VOZ DE UNA DE ESAS CHICAS MODIGLIANI QUE PINTA PÁJARO
Y ERA UNA CHICA DE PIERNAS RETORCIDAS
Y ERA UNA CHICA QUE NO TENÍA ROSTRO,
SOLO UN SEXO ENORME ENTERRADO ENTRE SUS MUSLOS
SOLO UNA VOCACIÓN DE SER NADA
SOLO UNOS TACONES AFILADOS Y UN SEXO JUGOSO.

Y LUEGO LLEGARON LAS COPAS
Y ERAN DULCES
O ÁCIDAS
Y APARECIÓ LA RISA
Y TODO ERA UN CARNAVAL
Y EL bar ERA UN TEMPLO
O UN REFUGIO ATÓMICO
O NADA
INCLUSO TODO.

Y HANK REÍA
Y SU PUTA REÍA
Y TODAS LAS PUTAS DE TODOS LOS BARES REÍAN.

YO ERA ENTONCES UN ECZEMA
SOBRE LA PIEL DENSA DE DIOS
UNA PURULENCIA NACARADA
YO ERA ENTONCES KILOS DE SILENCIO
UN ORGASMO DE BELIAL.

Y BEBÍ TANTO VINO COMO ME FUE POSIBLE
Y DIBUJÉ PALABRAS SOBRE ESTA MISMA PANTALLA AZUL
Y DESEÉ EL MAYOR DE LOS SILENCIOS,
ENTONCES,
BORRACHO,
MUDO,
AMNÉSICO
MUERTO.

¡TODO ERA TAN ROJO ESA NOCHE!
¿SANGRABA EL UNIVERSO?

mE COGIERON POR LA ESPALDA
ALGUIEN QUISO, DESEÓ, FOLLARME
Y EL CIELO ERA ROJO,
TAN ROJO QUE EL DESEO SE ESFUMÓ EN UNA NUBE OSCURA.

hANK,
POBRE
CIEGO
PUTO
CAGARRUTA DEL DIABLO
TRISTE HANK
SE REÍA.

ERA UNA NOCHE ROJA
DE BRAGAS TENDIDAS A LA LUNA LLENA
SALPICADA DE ACNÉ

ME MIRABA ESA CHICA
ME MIRABA SOBRE SUS ZAPATOS
DESDE SU MIRADA VINAGRE
DESDE SU PUTA Y ANGUSTIOSA SOLEDAD.
MI SEMEN POBLÓ SUS MEJILLAS
Y ERA EL MAPA DEL SILENCIO
MONTAÑAS BLANCAS
NIEVE SUCIA.

PENSÉ EN ROJO
DESHICE EL HECHIZO
HANK SE LIMPIABA CON EL TIMES
SU CULO ERA LA PALABRA DE DIOS
SU PENE CURVO APUNTABA AL SUELO
LA PUTA REÍA
ERA, YA SABÉIS,
UNA DENSA
OSCURA
OBSCENA
NOCHE ROJA.

ME BEBÍ EL MUNDO
Y A NADIE LE IMPORTÓ.





lunes, 30 de junio de 2008

NUNCA PASA NADA


Hoy he recibido un mail de un amigo. Un amigo blanco del tiempo gris. De la época en que paría canciones de mimbre para salones de colores pálidos. Mi amigo es italiano, pero pronuncia la r francesa. Un legado de otra vida: Nos deslizamos por el tiempo dejando una estela tibia, esperando conocer el porqué del miedo. Le he contestado a mi vieja forma. Ahora soy ácido, corroo taimadamente la pequeña parte del mundo que toco con mi presencia leve e irrelevante, pero no siempre fui así. Entonces, en el tiempo gris, yo era un imbécil que buscaba la ternura entre cabrones. Mi vocabulario era mermelada, como mi chica, como todo lo que solía rodearme, al menos hasta que alguien untó toda esa mierda dulce en una enorme rebanada de mala leche y todo se deshizo.
Mi amigo, tras el parapeto con el que intentaba ocultar su verdadera y asombrosa personalidad, intentaba poner orden en todo aquello nefasto que veía en mí. Mi amigo es hijo de la tierra y sabía de mi final, de mis pocas habilidades para sobrevivir en el planeta. Yo ponía toda la atención posible, pero era realmente un inútil. No tenía, ni tengo armas para enfrentarme al enemigo: Me muestro como soy, doy enormes e insanas pistas, uso una lengua muerta que nadie habla, deambulo por el mundo como un niño en un prostíbulo, no sé de papeles, firmo contratos suicidas, pongo la otra mejilla no por santidad, sino por torpeza o cobardía. Soy el hueso de la aceituna que se tragó el mundo. Reposo quieto en un universo letrina.
Siempre he creído que la forma en que muere un hombre muestra realmente lo que ha aprendido en la vida: Por lo general nada. Al final solo hay recuerdos empapados de enfermedad y dolor. Al final todo es oscuro, triste, nos inunda el vacío, el terror hacia la factible nada. Usamos la inteligencia para combatir el miedo, también las emociones, los sentimientos, las palabras, el arte. Todo ese arsenal fantástico solo nos sirve de ansiolítico para combatir el terror a desaparecer.
Cuando nos atacan la neurosis, la ansiedad, la depresión es cuando finalmente hemos comprobado que las cosas siempre pierden la batalla contra el tiempo. No importa quienes seamos, cuanto hayamos luchado para obtener lo mucho o poco que tengamos. Todo se esfuma en esa sensación de vacío que ocupa y aturde la cabeza, que agita el corazón, que levanta el estómago. Es el hombre frente al absurdo. El origen de la religión, la génesis de los mantras y oraciones. Lo que fundamenta el bien y el mal.
El mundo nos ha tratado de diferente forma a mi amigo y a mí. Vivimos en los extremos, pero hay algo que nos une: Sé que entiende (o al menos so-porta) mi locura y sé que sabe que entiendo su pragmatismo. Si se nos desnudase de todo lo material que tenemos sabríamos que, en el fondo, solo somos dos tipos perdidos que buscan un lugar donde agarrarse para no sucumbir a la melancolía que empapa a los que saben que el tiempo siempre gana, que no existe más saldo en nuestras vidas que el de los afectos, que no hay más recursos, frente a la locura, que mantener la dignidad a toda costa para reírnos del miedo.
Sé que lo sabemos: Nunca pasa nada.

miércoles, 25 de junio de 2008

MELONES Y CONTESAS


Mi madre regala melones y tartas Contesa. Yo hago la compra y la acompaño a entregarla. Fui al supermercado:
- Un melón dulce, por favor, es para un regalo.
- Nuestros melones son muy dulces caballero - Y la chica sonreía tras su mandil a rayas -
Una situación extraña: Tres ancianos de más de ochenta años. Yo, sentado con cara de póker jugueteando con un seiscientos de juguete. Uno de los ancianos, mi tío, habla de Madrid, de sus coches, de sus años de ciclista, de Franco. Mi tía habla de Alzheimer, mi madre la escucha. Un ángel pasa de pronto, sobrevuela la habitación, lo empapa todo de una extraña ternura. Pienso en mi vejez. Si llega quiero ser también tierno, quizás un poco menos irritante.
Se cala el melón. Un caldo tibio resbala por mi codo. Tres sonrisas húmedas se dibujan en el salón.
- Es una tele nueva, la mejor, del Corte Inglés. Pero no veo.
Yo también, de mayor, me compraré una tele del Corte Inglés, la pondré en el salón y no la encenderé nunca. Yo tampoco veré. Seré un ciego con una televisión de primera.

Todos los jueves miro el mar. Son días excelentes para mirar el mar. Lo hago desde el puente que cruza la bahía. Este pueblo es sumamente insoportable, molesto. Embriaga su olor a nada.
Salgo luego a pasear. Tomo copas en el bar de la esquina, me emborracho y vuelvo a casa. Mi madre está esperando. No se acuesta, tiene miedo de la noche que la aturde e invalida. Cruzo algunas palabras.
- Mañana es el cumpleaños del tío Roque – me sonríe tras sus gafas de cristales gruesos.
Mañana, a primera hora, viernes – no es día de mirar el mar – saldré al supermercado.
Ya sabéis: Melones y Contesas.

GRIS Y NEGRO


El señor Gris es un magnífico manager. No se tira pedos en las comidas, apenas si escupe, lleva con dignidad su traje y su coleta.
El señor Negro es corto, pálido por dentro. Conduce un coche que le queda grande.
Les vi en Chamberí merendando adolescentes.
Los tipos se relamían.
Conozco a un chaval que hace canciones. Es prácticamente imbécil, pero hace bien lo suyo.
El mundo para él es un juguete, no un pedazo de cósmica mierda. Lo hace, lo deshace, le canta como a sus plantas de maría.
Luego llegó la conjunción, el dislate, el éxtasis.
Gris, Negro y el chaval imbécil se dieron la mano en el mesón Donostiarra. Había jugadores de fútbol cerca, un torero se rascaba la entrepierna.
Y el chico, que se creyó Dylan, esnifó por un rato el Madrid más denso mientras calentaba trozos de buey en un plato de barro.
Luego el tiempo hizo el resto.
Gris y Negro untan panecillos con foie.
El chico recita mantras.
A veces piensa en como hacer para que parezca un accidente.

El maldito niño fiambre


Yo andaba, de niño, entre hostias. Era gordo. Un maldito niño gordo, un mierda, un rezagado del potro, un jirón de grasa de dios. Yo era, creedme, un niño suicida, un arcón de mortadela, el maldito niño fiambre.
En aquel tiempo llevaba cicatrices en las orejas y las palmas de las manos enrojecidas. Cosas de curas. Entonces yo era tímido, apocado, ceniciento, raro.
Pero Spiderman, así sucedió, me habló una noche. Y fue aquello una revelación.
- El sarcasmo, gordo – masculló entre dientes mientras le atizaba un mamporro a Magneto – ese es el secreto.
- ¿Qué coño es el sarcasmo, maestro? – le pregunté con ojos tiernos –
- ¡Pluff, Crash, Oufff! – El hermano cabrón de la ironía, niño.
Dimos unas cuantas clases nocturnas. Él se acomodaba en el techo y lanzaba telarañas a los mosquitos (maldito verano sureño). Yo, embobado, recogía datos y lo anotaba todo en mi libreta de dos rayas. Frases rehechas, retruécanos, juegos de palabras, conversaciones sangrientas.
Luego Spiderman se hizo de colores y perdió la magia y se marchó a Detroit con una puta de Harlem. Pero supe que remover la mierda de los demás era cojonudo, ponerle delante de sus narices su miseria era algo fantástico. Genial reírse de la puta vida.
Luego comencé a leer a Boukowsky, a Camus, a Sartre. ¡Oh dios, qué wonderful! El repertorio se ampliaba. El mundo era un enorme y pretencioso saco de estiercol. Gente idiota, palabras-dardos. Nada interesante.
Por supuesto crecí cagándome en el mundo y viceversa.
Y nunca lamí culos ni juré en vano.
Ni jamás ningún dios pudo contra mi bendita nada.
Dos divorcios, un embargo, incalculables litros de alcohol y cien mudanzas asesinas forman parte de mi currículo.
Ahora cocino, esnifo tardes lentas y cadenciosas, soporto taquicardias y alineo perfectamente mis zapatos en la alfombra antes de acostarme.
Releo a mi amigo Henry Chinaski. ¿Sabéis? Murió sin enterarse de nada.
A mí va a pasarme lo mismo.